El tema del aborto es, sin duda alguna, uno de los que más ampollas levanta. Un debate abierto de posturas encontradas que, al fin y al cabo, no so más que el fruto de un sentimiento previo: el sentimiento cristiano, el sentimiento de libertad, etc.
La semana pasada, Portugal votaba un referndum para despenalizar el aborto. En votos, ganó el “sí”, con un 59,25%. Sin embargo, esta encuesta no será vinculante a la hora de solicitar la aprobación de la ley en el Parlamento, dado que la abstención fue superior al 50% de la población.
Según el sector católico, un fracaso. Según la izquierda, un éxito, ya que llevarán la reforma al Parlamento, donde tienen la mayoría absoluta.
El partido socialista, impulsor de la reforma, exponía como principal argumento a favor de que se apruebe la ley del aborto, el hecho de que, en el país, se realizan numerosos abortos clandestinos al año. Con todo lo que ello conlleva: riesgos para la salud, malas condiciones santiarias e higiénicas, negocio económico para algunos…
Ayer se descubrieron los restos de unos 400 niños cerca de un hospital de la India. Aunque aún está todo por esclarecer, lsa primeras investigaciones indican que todo esto tiene algo que ver abortos ilegales.
Paradójicamente, sólo un día antes de tan macabro hallazgo, el gobierno indio anunciaba que iba a habilitar cunas para que los padres abandonen allí a sus hijas, en lugar de matarlas. Muchos padres prefieren matar (o dejar morir, que es lo mismo) a sus hijas, a tener que pagar la dote que supone casarlas.
Todo esto es una realidad, existe, tanto si aquellos que se hacen llamar pro-vida (como si los demás fuéramos pro-muerte) quieren verla o no.
Primero voy a enseñar todas mis cartas: yo estoy a favor del aborto legal y también me considero cristiana.
Y a todos aquellos rancios cristianos resabidos les digo que, hasta donde yo conozco, y según sus propias creencias, el cristiano no es nadie para juzgar a nadie, para eso ya está Dios.
Creo que nadie está en situación de decirle a nadie lo que tiene que hacer ni cómo proceder y que, ni ellos mismos, están en situación de asegurar cómo actuarían en determinadas situaciones.
Creo que lo que se debate es el derecho a poder elegir, la libertad de hacerlo. Si no me equivoco, Dios hizo al hombre libre, le dio ciertas normas, pero también le dio la libertad de acatarlas o no. ¿Quiénes somos nosotros para negarle esa libertad a otros individuos?
Creo, también, que el valor a los ojos de Dios, no está en no abortar porque hay una ley que te lo impide sino que, pese a tener la opción de hacerlo, no lo hagas.
¡Qué fácil es ser buen cristiano si no existen tentaciones! ¡Qué fácil hubiera sido vivir en el paraíso si no hubiera existido el árbol prohido! No, señores, la Fe no se demuestra así, sino superando tentaciones, escogiendo el camino correcto cuando tienes dos, no cuando es el único.
Por otro lado, si tú tienes tus convinciones claras, ¿por qué negarle a tu vecino la libertad de elegir?
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