Pero no convenceréis

unamuno.jpgEl caso es que no sé por qué debería sorprenderme esta noticia. Mmmm… puntualizaré: me hierve la sangre pero no me sorprende.

Hablo de la decisión del grupo popular de Salamanca que, en el pleno de ayer, vetó la propuesta del PSOE para rehabilitar a Miguel de Unamuno, el escaño de concejal del Ayuntamiento, que tenía hasta que le destituyeron en 1936.

Según dicen, hay un interés oculto del PSOE y todo esto es “una estrategia de ruptura del consenso nacional y de división de los españoles con la aprobación del Estatuto de Cataluña, el ataque a la religión mayoritaria, la rendición ante ETA y la supuesta memoria histórica”.

Yo no entiendo muy bien qué tienen que ver las churras con los merinos pero quizás a estos señores no les importaría explicármelo.

Para poner en antecedentes, toda esta movida viene porque, siendo Miguel de Unamuno concejal en el Ayuntamiento de Salamanca, tuvo un altercado con el general José Millán-Astray

Lo que sucedió, según cuenta en su magna obra La guerra civil española el hispanista inglés Hugh Thomas, es lo siguiente:

El profesor Francisco Maldonado, tras las formalidades iniciales y un apasionado discurso de José María Pemán, pronuncia un discurso en que ataca violentamente a Cataluña y al País Vasco, calificando a estas regiones como “cánceres en el cuerpo de la nación. el fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos.”
Alguien grita entonces, desde algún lugar del paraninfo, el famoso lema “¡Viva la muerte!”. Millán-Astray responde con los gritos con que habitualmente se excitaba al pueblo: “¡España!”; “¡Una!”, responden los asistentes; “¡España!”, vuelve a exclamar Millán-Astray; “¡Grande!”, replica el auditorio; “¡España!”, finaliza el general; “¡Libre!”, concluyen los congregados.

Después un grupo de falangistas ataviados con la camisa azul de Falange hacen el saludo fascista, brazo derecho en alto, al retrato de Franco que colgaba en la pared.

unamuno2.jpgUnamuno, que presidía la mesa, se levanta lentamente y dice: “Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo -Unamuno señala al arzobispo de Salamanca-, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito “¡Viva la muerte!” y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.”

En ese momento Millán-Astray exclama irritado “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, aclamado por los falangistas. El escritor José María Pemán, en un intento de calmar los ánimos, aclara: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!”.

Unamuno, sin amedrentarse, continúa: “Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.”

Unamuno no podía aguantar más. Habían fusilado a sus amigos salmantinos Prieto Carrasco, Andrés y Manso, al alumno predilecto y rector de Granada Salvador Vila, en la cárcel estaban sus íntimos Filiberto Villalobos y el periodista José Sánchez Gómez, éste a la espera de ser fusilado, y en la mano tenía la carta con la amenaza de muerte al pastor protestante Atilano Coco.

Millán-Astray, controlándose, grita: “¡Coja el brazo de la señora!” y Unamuno, haciéndole caso, se coge del brazo de Carmen Polo de Franco y abandona el recinto.

Tras este incidente, se redacta un acta secreta en la que se retira a Unamuno su escaño y en la que se dice de él que había incurrido, con su descortesía, ”en un caso de incompatibilidad moral corporativa, de vanidad delirante y antipatriota actuación ciudadana“. También fue destituido como rector de la Universidad de Salamanca.

Si en algún momento pensé que la propuesta de devolverle a Unamuno, de forma simbólica, su puesto saldría adelante… fui una ingenua. Si en algún momento pensé que hay hechos históricos objetivos en los que todos los colores políticos estarían de acuerdo, fui una ilusa.

Si en algún momento pienso que viejas historias con olor a polilla están superadas, me estaré equivocando.

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3 Comments »

  1. Faboo said,

    Diciembre 29, 2006 @ 11:55

    “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.”

    Me lo voy a memorizar

  2. Keiboll said,

    Diciembre 30, 2006 @ 8:19

    Es que las últimas frases de Unamuno son como una losa, cuando empieza con lo de ” Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto…” Son palabras de un intelectual que por lo que parece estaba en medio de una España dividida. Y parece que 70 años después, se niegan a reconocerle sus méritos, negándole el escaño que tuvo en su día. Sinceramente, ¿qué más da cómo pensara? Concederle el escaño que le quitaron es algo simbólico, y no otro motivo para que se peleen los diputados de turno de PP y PSOE.

  3. kutxi said,

    Diciembre 30, 2006 @ 14:28

    Estamos en un país esquizofrénico en el que muy pocos han perdonado, y los que más odio parece que desprenden, los que menos han perdonado, son los que más daño hicieron: canallas que acusan de fomentar el odio a quienes intentan reparar crímenes e injusticias. No creo en Dios, pero ojalá exista el infierno.

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