Es la jodida melatonina. Todo es por su culpa. Al final resulta que todo esto tiene una explicación científica y que, en realidad, no tiene nada que ver con que tenga morriña de Barcelona, sienta que el trabajo no me aporta nada, ayer estuviera a punto de morir en un avión y esas razones que mi mente intenta encontrar para este estado de ánimo.
Es la puta melatonina. Y este tiempo. Que desde el martes pasado no ha dejado de llover en Madrid. Está comprobado que, con la llegada del otoño, también cae el ánimo. Y no es morriña porque el verano ya se fue, ni porque, con el mal tiempo, te tienes que quedar en casa, ni porque hasta Navidad no hay vacaciones. No. Es la melatonina.
Con la llegada del otoño, el cuerpo humano está menos expuesto a la luz solar. Esto puede provocar lo que se conoce como Trastorno Emocional Estacional (SAD -en inglés). No es nada psicológico, ni emocional, es completamente químico.
Con la información luz-oscuridad, el cerebro envía órdenes de liberar o no ciertas hormonas que regulan ciertas funciones como el sueño, el apetito o la tempertatura corporal. De todas estas hormonas, la más importante es la melatonina.
La melatonina es la hormona de la que depende nuestro sueño. Como en otoño hay menos luz solar, se genera más cantidad de melatonina. Pues bien, la melatonina, reduce los niveles de serotonina. ¡Horror! La serotonina es la hormona que regula los estados de ánimo, y es conocida como “la hormona del humor”.
Resumiendo: a menos luz, más melatonina. A más melatonina, menos serotonina. A menos serotonina… más tristeza.
Con toda la maldad del mundo, mi melatonina está acabando con todas mis reservas de serotonina. Y es por eso que estoy así de.. apática, triste, chof. Según la ciencia, no hay ninguna causa ajena a mi propio organismo que me esté provocando esto. O eso intento creer.
* Escucho “Talk“, de Coldplay.
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