Ver, oír y callar
Imagina que vas a una manifestación, sobre lo que sea, da igual, haces unas fotos y las cuelgas en tu blog. Semanas después la policía te reclama esas fotos y tú dices “no, oiga, que son mías, se hubiera hecho usted las suyas; paso, paso“. Seis meses después terminas en la cárcel para que recapacites y entregues tus fotos o, como mínimo, testifiques.
Eso es lo que le ha pasado a Joshua Wolf, un joven estadounidense de 24 años, que hasta la semana pasada tenía un blog sobre información. Ahora ha sido encarcelado “hasta que acepte testificar o entregar la información“, lo cual no puede exceder el tiempo que dure la investigación que será, como máximo (¡¡máximo??), 18 meses. Se le acusa de obstrucción a la Justicia por no haber entregado unas fotos que hizo en julio de 2005 en una manifestación contra la reunión del G-8, que terminó con altercados entre los participantes y las fuerzas del orden público.
¿No habíamos quedado en que en EE UU habían equiparado los derechos de los bloggers a los de los periodistas? Pensaba yo que la Justica en EE UU funcionaba con jurisprudencia.
Imagina ahora que te gusta escribir poemas sobre tu cultura, tu tradición y en tu lengua natal, Y los cuelgas en tu blog. Y además, resulta que no se te da nada mal y tienes bastantes visitillas. Un día vas a colgar tu último poema y el gobierno de tu país ha decidido cerrarte el blog.
Le ha pasado a Woeser, una poetisa tibetana a la que el gobierno chino le ha censurado los dos blogs que escribía. ¿Aludiendo qué? Pues al parecer no ha gustado que se hable del tema del SIDA en el Tíbet, del impacto que tendrá el tren Pekín-Lhasa o una felicitación de cumpleaños para el Dalai Lama.
Son solo dos ejemplos recientes, de dos países. Lamentablemente no son los únicos países del mundo donde la Libertad de Expresión es sólo teoría.
“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión”.
Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
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