Contra la pared
A veces te toca de cerca. No lo lees en los periódicos ni lo oyes en la televisión. Llega un día en que la víctima de la violencia de género no es una cifra en un noticiario, ni unas inciales en una noticia. De repente, la víctima está en el piso de al lado y sólo te separa de ella una pared.
Un día ya no eres lector o espectador; un día te conviertes en testigo. Ese es el día en el que uno decide si, además de testigo, va a ser también cómplice, o si va a dar la cara. Y aunque ética, moral y humanamente sabes la respuesta, tus pasos cuando te diriges al teléfono, tu pulso cuando marcas el número y tu voz cuando hablas con la policía, no está tan segura.
Te dices “tengo miedo“… y te respondes “pero ella tiene pánico“.
Dos días después, este paralelismo en el que Ella siempre sale ganando, aún te sirve:
Si a mi me tiembla el pulso cuando escribo esto ¿cómo será su pulso cuando ve que él se acerca?.
Si yo me acuesto asustada, temiendo que los gritos me despierten de nuevo, ¿cómo se duerme ella cuando ve que él también duerme en su cama?.
Si antes de llamar a la policía yo tuve miedo de las posibles consecuencias cuando me cruzara con él en el ascensor ¿qué clase de miedo siente ella cuando se plantea denunciarle?.
Ahora se cumple un año de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Al parecer, esta ley se sigue quedando corta, tal y como denuncia Aministía Interncional. Más allá de su efectividad, un dato: este año se han dado las peores cifras de mujeres asesinadas desde 1999; a 31 de mayo de 2006, 32 mujeres han muerto a manos de sus parejas o ex parejas.
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